(EL) GUERNICA. Hito Antifascista.

No puedo comenzar de otra manera que  recordando el 26 de abril de 1937, día en que la Legión Cóndor  alemana bombardeó la población de Guernica, pero tampoco puedo olvidar los ataques que precedieron a éste en la misma contienda.  En el propio País Vasco, un mes antes, había sido bombardeada la localidad de Durango, y en 1936 había sido bombardeada por tropas franquistas la ciudad de Madrid. Como tampoco puedo dejar de anotar “La caravana de la muerte” que tuvo lugar en la carretera que une Málaga con Almería, en febrero de 1937, donde  entre 60.000 y 100.000 personas huyeron de las tropas franquistas por la carretera que serpentea por la costa y mientras eran atacados en su camino por tanques, aviones y barcos italianos que se encontraban en la costa.  La operación se saldó con unos 5.000 muertos aproximadamente.

Curioso es cuanto menos, que P. Picasso (malagueño) no eligiera  el suceso de su ciudad natal, sino el acaecido en el pueblo de Guernica. Tal vez, la elección tuvo mas que ver con la cercanía temporal del suceso (muy reciente en el momento en que el comenzaba a ejecutar la obra para Exposición Internacional), o tal vez porque Guernica, más que Málaga, era un enclave no sólo estratégico sino identitario del pueblo vasco.

Podríamos asumir sin genero de dudas que el Guernica es una imagen monumental, y no sólo por su tremenda carga histórica sino porque como dispositivo podríamos marcar una diferencia entre la “imagen-idea” del Guernica y el Guernica “cuadro”[1]. Con imagen idea[2], me refiero al uso que del Guernica se hace como imagen contenedora en sí misma, no sólo del bombardeo de la localidad vasca sino entendido globalmente, como una imagen de los horrores de la guerra y, en este caso puntual y concreto, como la imagen de la lucha contra el fascismo.

La imagen del Guernica es sencilla, en escala de grises, cuya factura recuerda a un cartel de propaganda. Es fácil de reproducir, de multiplicar. Tal vez sea esta característica la que fomenta tanto su éxito como su banalización.

Su imagen ha sido utilizada como significante antibélico en numerosos y diferentes contextos: usada como pancarta tanto por la Asociación de Víctimas del Terrorismo, como por grupos de la Izquierda Abertzale, en las protestas del 15m, como cabecera de una manifestación contra las bases de la OTAN, como pancarta en una manifestación contra los montajes policiales del “caso 4F” en Barcelona, contra la ocupación israelí de Palestina,  como mural en la ciudad de Belfast, etc.

“Nature of Breast” Goshka Macuga. WhiteChapel Gallery. Londres, 2009

Incluso una reproducción en tapiz del cuadro fue donada por la familia Rockefeller a la ONU y fue utilizado, como telón de fondo en el consejo de seguridad, hasta que fue cuidadosamente tapado por una cortina azul, tras la invasión estadounidense de Irak, en 2003[3]. De éste hecho  da buena cuenta la instalación Nature of Breast[4] de Goshka Macuga, en la que recrea la sala del consejo de seguridad en la WhiteChapel Gallery de Londres, en 2009, coincidiendo con la cumbre del G20 en la ciudad.

A estos ejemplos mencionados, que refuerzan la idea del Guernica como símbolo válido para multitud de contextos, algunos realmente paradójicos,  me gustaría añadir tres hechos que parecen querer resituar y revitalizar su estatus como obra realizada en un contexto puntual y con un interés en mostrar su finalidad ideológica concreta.

El primero es un suceso que tuvo lugar el 28 de febrero de 1974,  donde un artista local atacó el cuadro del Guernica de Picasso, en el Museo de Arte Moderno de Nueva York.

Imagen de archivo del ataque de Tony Shafrazi

Tony Shafrazi, así se llamaba el atacante, pintó con un spray una frase sobre el cuadro de Picasso que decía  “KILL LIES ALL[5]”. Esta acción lejos de ser un acto fortuito[6] obedecía a la oposición del agresor acerca de la participación estadounidense en la Guerra del Vietnam. Shafrazi había visto en el cuadro del malagueño un soporte idóneo para llevar a cabo su reivindicación. Tras el ataque, cuando fue detenido el 1 de marzo de 1974,  Shafrazi hizo unas interesantes declaraciones al New York Times:

“Transformando el Guernica de Picasso en una obra maestra, el museo contribuye a hacer una fotografía histórica, haciéndolo invisible así en el presente…lo que he hecho ha sido “en el presente”, con  la esperanza de que permanecerá para siempre en el presente”

De alguna manera, la agresión iconoclasta, perpetuada por Tony Shafrazi en el MoMA contra el Guernica, fue una manera de reivindicar la condición política[7] implícita en la obra del Guernica, una reivindicación, que podemos leer no como un ataque hacia la obra sino, precisamente, como una defensa de lo que desde  el propio cuadro se reclama.

En 2012 el artista Javier Arce (Santander 1973) realizó una exposición individual en la galería Max Estrella con el título: “Kill lies All”. La exposición de Arce proponía una reflexión en torno al cuadro del Guernica y la  acción de Shafrazi.

 

Vista de la instalación “Kill lies all” de Javier Arce en la galería Max Estrella. 2012.

 

El segundo hecho que me gustaría rescatar son algunos fragmentos de un libelo,  que publicó Antonio Saura titulado Contra el Guernica[8], en reacción a la parafernalia que generó la vuelta del cuadro a España, en el año 1981 en el Casón del Buen Retiro, escoltado por agentes de la Guardia Civil.

Saura describe:

  • “Detesto al Guernica porque es un cartelón y porque como sucede a todo vulgar cartelón, su imagen es posible copiarla y multiplicarla al infinito”
  • Odio la osamenta del Guernica que regresa a la patria con honores castrenses “para ocupar su nicho en el cementerio de los desmemoriados proboscídeos nacionales”
  • Odio al Guernica consuelo de democracias.
  • Odio la manifestación “manifestation du genie de la France”.
  • Detesto el Guernica porque nosotros pusimos los muertos y ellos disfrutan del cuadro.
  • Detesto la llegada del Guernica, fin de una pesadilla de 42 años y comienzo de otra.
  • Odio al Guernica conciliador de dimisiones.
  • Odio al Guernica porque a pesar de su pabellón aseptizado seguirá escupiendo a la cara a los asesinos de la cultura.
  • Detesto las dimensiones del Guernica.
  • Odio el vidrio que impide a mi navaja serrana rajar de vaginas la mala tela.
  • Detesto al Guernica porque no cayó en la trampa del realismo socialista y no trato de “fotografiar la guerra, sino de hacerla desde la propia pintura”.
  • Odio al Guernica reliquia de un mundo traicionado.
  • Detesto al Guernica porque “es el único cuadro histórico de nuestro siglo, no porque representa un hecho histórico, sino porque ES un hecho histórico.”
  • “Detesto los sesenta y tres bocetos del Guernica realizados con posterioridad a  su terminación.
  • Odio al Guernica fusilado por cristales parabalas.
  • Odio al Guernica porque a su llegada a Madrid una estúpida salva de aplausos saludó a la caja de madera que lo contenía.
  • Detesto al Guernica porque va a ser protegido contra los “extremismos de ambos signos”

 

Guernica de Picasso en el Casón del Buen Retiro. 1981.

Pese a la vehemencia con la que Saura arremete con el Guernica, ya desde el propio título, como sucede con la acción de Shafrazi, sus palabras no atacan al Guernica en origen sino a lo que de él se ha creado como símbolo.

El tercer caso al que me gustaría aludir es una obra que el artista iraní Siah Armajani presentó en 2007 en el museo Artium de Vitoria, titulada Fallujah, ya que la obra no pudo ser expuesta en el momento de su creación en los Estados Unidos debido a la censura[9].

Fallujah. Siah Armajani. Artium. 2007

La pieza de Armajani hacía referencia al bombardeo de la ciudad iraquí de Fallujah, acometido por el ejército de EEUU, en el que murieron 6.000 civiles. En la escultura, Armajani recupera ese momento crítico de indefensión ante un ataque indiscriminado, la tragedia de aquel bombardeo en el que 36.000 de las 50.000 casas de la ciudad iraquí de Fallujah fueron destruidas, al igual que 60 de sus 200 mezquitas. La composición que presenta el iraní tiene múltiples guiños a la obra del “Guernica”, que además cumplía su 70 aniversario en el momento de la exposición.

Elegir el “Guernica” es, también por nuestra parte, asumir la defensa de su pretensión inicialmente monumental, como es la de perpetuar en la memoria un hecho grave, el del bombardeo de la localidad vasca. Del mismo modo, es necesario contextualizar el motivo de su creación para la participación del pabellón republicano en 1937, y lo que en éste momento (en política nacional y en la geopolítica global) esto representaba[10]. Las problemáticas mencionadas, en torno a sus usos posteriores como imagen, constatan que pese a funcionar como una imagen clave  y fuerte, que refleja un momento histórico puntual, corre el peligro de disolverse en el relativismo y en la ubicuidad.

“Action of assault 19” Kepa Garraza. 2010

[1] Véase: AZNAR, YAYO (2004) El Guernica. Ed. Edilupa. Madrid.

[2] FERNANDEZ VEGA, JOSE (2011) “Guerra aérea, modernismo y artes visuales. Contra el Guernica”. EN: Revista Artefilosofia. Instituto de Filosofía  Artes e Cultura. Universidade Federal de Ouro Preto .Brasil. (Págs. 170- 184). Disponible en línea:

http://www.raf.ifac.ufop.br/pdf/artefilosofia_11/Guerra_Area.pdf

[3] “El Guernica de la ONU tapado en tiempos de guerra.” Diario El País. 31 de enero de 2003. Disponible en Línea:

http://internacional.elpais.com/internacional/2003/01/31/actualidad/1043967604_850215.html

[4] http://www.whitechapelgallery.org/exhibitions/the-bloomberg-commission-goshka-macuga/

[5] En 2012 el artista Javier Arce (Santander 1973) realizó una exposición individual en la galería Max Estrella con el título: “Kill lies All”. La exposición de Arce reflexionaba en torno al cuadro del Guernica y la  acción de Shafrazi. Las obras que se incluía en la muestra pueden ser visitadas en la página web del autor: http://javierarce.net/content-exploration/

[6] Más cercano si cabe a la acción de Alexander Brener contra el cuadro “Cruz blanca suprematista” de Malevich en el Stedelijk Museum. Su pretensión no era vandalizar la obra, y no tenía ese espíritu de destrucción (sino establecer un dialogo con la obra de Malevich, y con las propias teorías del constructivismo sobre la relación del arte con el espectador.

[7] El Equipo Crónica realizó varias obras, cuando se comenzaba a abrir en España el debate del posible regreso del Guernica a España, que aluden directamente a apuntar a esta obra como artefacto político y señalándolo con su relación con la amnesia y el olvido de las victimas del fascismo. Los cuadros a los que nos referimos son: “La visita” (1969), “El embalaje” (1969), “Whaam!” (1971), “El intruso” (1969) y “Después de la Batalla” (1968).

[8] SAURA, ANTONIO (2009) Contra el Guernica. Ediciones la Central y MNCARS. Madrid.

[9] Diario El País. 1 de mayo de 2007. Disponible en línea en:

http://elpais.com/diario/2007/05/01/cultura/1177970404_850215.html

[10] Sobre el Pabellón español de 1937 véase: AZNAR, YAYO (2004) El Guernica. Ed Edilupa. Madrid. (Pág. 12-17)

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